La necesidad de mejorar el lenguaje jurídico

En una sociedad democrática y moderna, las leyes son necesarias e imprescindibles para la evolución social de cualquier individuo y de la propia sociedad. Sin embargo, en la mayoría de los casos, las leyes, si bien su concepto y finalidad pueden estar bien definidos, no ocurre lo mismo con el texto legal que describe y detalla los fundamentos, obligaciones y requisitos para la correcta aplicación de la ley que corresponda.

Y es que, si ya de por sí el Derecho es difícil de comprender en su propio concepto, el lenguaje empleado en Derecho lo es más todavía. No hay mejor ejemplo que coger una ley o un decreto publicado en el boletín oficial del estado y leer una simple página al azar. Seguramente, cuando llegue al final del último párrafo, es muy posible que no haya comprendido ni siquiera la mitad de lo que se dice en el texto. No se preocupe, porque no es culpa suya, sino de quien redactó el texto, que no tuvo en cuenta el factor más importante del fundamento jurídico: los ciudadanos.

Por esta razón, las Instituciones, los Gobiernos, juristas, los Colegios de Abogados y, en definitiva, los profesionales del Derecho, deben construir los mecanismos necesarios para mejorar el lenguaje jurídico y que esté al alcance de todos los ciudadanos.

 

¿Cómo mejorar el lenguaje jurídico?

Mejorar el lenguaje jurídico del Boe

Mejorar el lenguaje jurídico del Boe

La mayoría de juristas emplean un lenguaje jurídico farragoso, poco claro y que suele no comprenderse con facilidad. El abuso de tecnicismos jurídicos, la mención de otras leyes, normas, decretos o artículos legales, el exceso de frases largas y subordinadas y la afición por enormes párrafos de difícil lectura, son ejemplos claros de que leer un texto legal puede ser toda una odisea alcanzable sólo para los más osados.

Para mejorar el lenguaje jurídico basta con intentar no caer en las malas prácticas mencionadas anteriormente, utilizar sinónimos y palabras más usadas por los ciudadanos (lenguaje vulgar, de la calle), y, en definitiva, crear un texto entendible y comprensible por cualquier persona, independientemente de su condición, raza, religión y nivel académico.

Sin duda, lo más fácil, aunque parezca mentira, es ponerse en la piel del ciudadano que se enfrenta a leer ese texto. A todos nos gustaría leer una norma jurídica o legal con la que, tras leer la última palabra del último párrafo, pudiéramos decir: “he entendido y comprendido todo lo que pone”.

No parece que sea una tarea compleja mejorar el lenguaje jurídico, sólo es cuestión de que a quienes corresponda esta labor, pongan su voluntad y mejores intenciones para conseguir que el Derecho se pueda entender mejor.

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