China implantará un sistema de puntaje basado en la reputación online

Los aficionados a las series contemporáneas y a la ciencia ficción en general recordarán el primer y angustioso capítulo de la tercera temporada de la serie distópica “Black Mirror”. En el episodio en cuestión se narra cómo la sociedad se rige mediante las calificaciones que todo ciudadano realice sobre nuestro trabajo, nuestras interacciones y nuestro trato con el resto de individuos. Así, terceros pueden calificarnos de 0 a 5 estrellas según nuestro comportamiento y, según la puntuación media, tendremos derecho a ciertos beneficios como acceder a la compra de una buena casa, poder acudir a fiestas de alto standing, etc., o por el contrario se nos restringirá el acceso a ciertos locales o se nos despedirá del trabajo.

Dentro de esta sociedad donde la reputación manda, una joven de prometedor futuro se acaba convirtiendo en una desdichada al verse atrapada en una ola de malas calificaciones producida por una serie de malinterpretaciones, lo que lleva al espectador a reflexionar sobre el poder que los comentarios en internet pueden llegar a tener en nuestra vida offline.

La inspiración para un nuevo orden social

Este excelente guion cuya historia está creada para hacernos pensar sobre los abusos que las nuevas tecnologías llegan a tener en nuestra sociedad, lejos de quedarse solo en papel al nivel de otras historias propias de Orwell, Huxler o Bradbury, parece haber sido la fuente de inspiración para que un país ponga en práctica tal despropósito.

Así, China ha adelantado sus planes de adoptar un sistema de puntaje similar a partir de 2020, año en el que sus ciudadanos se deberán preocupar por contar con una reputación online impecable si no quieren disponer de una conexión a internet más lenta o tener restricciones a la hora de solicitar un crédito, aplicar a un trabajo, usar servicios públicos u optar a ayudas sociales por citar algunos ejemplos relevantes. Una prueba más de que en ocasiones, la realidad supera ampliamente a la ficción.

Cómo funcionaría “la China de Black Mirror”

El sistema que pretende instaurar el gigante asiático en apenas dos años clasificaría a los ciudadanos según su fiabilidad: desde ciudadanos modélicos a los de segunda clase. Y esto se haría en base a un algoritmo que analiza el rastro y la identidad digital de cada persona.

Este algoritmo tendría en cuenta desde los comentarios que realizamos en foros, fichas de producto, discusiones en redes sociales etc., hasta las compras online que realizamos, páginas web que visitamos, música escuchada y otros gustos personales. En definitiva rastrearía absolutamente todo nuestro ciclo vital online desde que usamos internet.

resolver la crisis de reputación onlineImagen: Pixabay

Cómo evitar las consecuencias del sistema de puntaje

La puesta en marcha de una sociedad regida por la reputación online supondría que tendríamos que ejercer un control exhaustivo de cada movimiento que hiciéramos en el hiperespacio, así como evitar cualquier disputa o malinterpretación que pueda echar por tierra nuestra buena imagen.

Al tener carácter retroactivo, de aplicarse estas medidas en cualquier otro país deberíamos contar con las herramientas y los métodos de para resolver la crisis de reputación online sin dejar apenas rastro de nuestras acciones dudosas o malinterpretadas, ya que una peculiaridad del universo online es que todo lo que hacemos queda reflejado permanentemente.

Por ello, la mejor forma de evitar un puntaje bajo es un uso responsable de internet, en el que en mayor medida, nuestro reflejo online se corresponda con nuestro reflejo real.

La reflexión que China se perdió

Lo que pretendía exponer y denunciar los guionistas de Black Mirror con este capítulo llamado “Nosedive” (caída en picado), y que las autoridades chinas no han parecido entender (o no han querido hacerlo), es que en la actualidad existen dos realidades paralelas: lo que proyectamos en el mundo real y lo que proyectamos en el medio online.

Dentro de este segundo universo las apariencias mandan sobre la realidad: así nos preocupamos más por salir favorecedores en Instagram que por mantenernos conectados con viejas amistades.

En ese mismo universo de apariencias, algunas de nuestras acciones, en principio inofensivas, puede traer mayores consecuencias de las que nos atreveríamos a desear en el mundo real. Así, un comentario expuesto sobre unos malos hábitos o sobre nuestro carácter, puede llegar a ser leído por el encargado de reclutamiento de la empresa a la que optamos a trabajar y quedarnos sin ese deseado puesto o, en el sentido contrario, nuestro comentario despectivo hacia el restaurante que no nos ofreció la calidad que esperábamos puede conllevarle una sustanciosa pérdida de clientes.

Por ello, toda acción online, al estar sujeta a una reacción de igual medida, se debe reflexionar previamente y cuidar tanto como se hiciera en el mundo real, así como procurar que nuestros avatares y perfiles sociales reflejen sólo lo que queramos mostrar.

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