Llegar al packaging adecuado para un determinado producto parece ser una tarea sencilla, sobre todo, para los que como nosotros solemos ver el resultado final ya sea en una tienda o almacén. Lo cierto es que el diseño y las dimensiones deben ser definidos con mucho cuidado, para lograr un producto final que cumpla con el resguardo del contenido de forma adecuada.

Si se trata del sector alimentos, vemos cómo los que se venden en porciones pequeñas y por unidad, generalmente son agrupados de alguna forma. Normalmente una caja o una bolsa especial los recubren para dar mayor estética a la presentación y mayor practicidad de cara al cliente.

La estética es otro de los objetivos fundamentales que un buen packaging debe cumplir. Siendo la cara externa de un alimento, debe cumplir con varias especificaciones a nivel legal y sanitario, así como también el aspecto, en cuanto a sus colores y tipografía. El envoltorio debe estar identificado plenamente y ayudar al tan ansiado posicionamiento en la mente de los clientes.

Pero, hay varias consideraciones previas a tener en cuenta en el diseño de un empaque, a saber:

  • La dimensiones del producto que albergará o protegerá.
  • La cantidad de unidades que contendrá.
  • El peso que deberá soportar para ayudar en el traslado.
  • Todos los escritos y mensajes que deberá contener cada cara del empaque.

Como es de suponer no es un proceso que se logra a la primera. Algunas empresas pasan años perfeccionando sus empaques hasta llegar a los más idóneos.

El mundo del packaging presenta un universo de posibilidades y todo un reto para los diseñadores, quienes cada vez más deben ser originales para crear nuevas y mejores presentaciones, respecto a la gran cantidad que ya existe en el mercado. La línea de producción llega a su fase final cuando todo ha sido agrupado y empaquetado para ser llevado a las tiendas.

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